María B. es ahora todo un hombre. Comenzó como un juego lúdico pero de pronto se convirtió en una verdad concreta. Por supuesto no se ha operado el cuerpo ni nada por el estilo, "aunque tal vez", dice con picardía María. Su transformación comenzó con el corte de pelo -casi al ras- y la vestimenta, es decir la camisa, el pantalón y los zapatos definitivamente de hombre.La gorra es una prenda imprescindible en la presencia de María. Se la cala hasta los ojos, para estudiar al contrincante.
Quienes la han visto últimamente dicen que su actitud es desafiante, con una mirada penetrante y defiende a su pareja del peligro de la seducción en cualquier parte y a toda hora. Gabino hace memoria, como siempre, y retrocede un año cuando trabajaba con María B. en la factoría. La historia de esta muchacha se sabe de memoria por la cantidad de veces repetida. María B. es delgadita, se diría casi anémica, tiene la piel clara, casi transparente como si el sol nunca la hubiera tocado con sus rayos.
Ella tuvo su primer hijo a la edad de 14 años luego de ser forzada por un hombre mayor que cometió la violación y desapareció como si se le hubiera tragado la tierra ante las amenazas de venganza del padre de María. Sin saber cómo, ella tuvo en sus brazos a un ser de carne y hueso que vino a reemplazar a las muñecas con las que jugaban la niña y sus cinco hermanas. Pasaron dos años y quedó embarazada como producto del amor prometido por un hombre que se convertiría en su marido. Nació una niña que ahora tiene 11 años y es quien lleva la casa en su tierra natal, una vez que María B. decidió venir a los Estados Unidos tras el abandono de su esposo y el nacimiento de un nuevo niño.
En Estados Unidos María vive en un barrio pesado, caliente, donde las maras se disputan el territorio con violencia. Las peleas callejeras, los insultos entre vecinos, la presencia cotidiana de la policía y uno que otro disparo a la madrugada ya no le afectan como al principio. Tampoco le toma de nuevo mirar que uno de sus vecinos de cuarto llegue sangrando por que le golpearon para robarle al salir a comprar cerveza en la noche. Ella se levanta para curarles y compartir la bebida. Es que María B. ha encontrado en el alcohol y la cocaína la vía de escape a tanta miseria humana, como le cuenta a Gabino cuando le habla por teléfono de madrugada pidiéndole perdón por la llamada y el abuso. Ella se enamoró de un compañero de trabajo. Se alimentaron de besos en las horas de descanso y compartieron sus penas los fines de semana. Todo terminó porque él no se portó como un hombre en la cama dice ella y no porque le pedía dinero como dice él.
La metamorfosis de María B se ha dado por una simple necesidad de supervivencia le confidencia a Gabino, no es que sea del otro equipo. En su vida apareció una muchacha necesitada de cuidados y despechada del abuso de tanto hombre que se aprovechó de su cuerpo y de su trabajo desde que llegó a vivir a este país. Poco a poco fue conquistando a María B. quien vio la oportunidad de mejorar sus finanzas porque ella le paga todo a cambio de complacerle una que otra extravagancia como pedirle que se vista como hombre y otros detalles que no se cuentan porque todavía quedan rezagos de pudor en su corazón fogueado en muchas andanzas y en innumerables experiencias. Por hoy todo marcha bien en su relación dejando de lado los celos. Espera María B. que con el tiempo logre mayor confianza de su pareja, la soporta porque ahora tiene dinero para enviar a sus hijos que necesitan el dinero cada mes sin falta ni demora y ella también desea que llegue algo y no sabe bien qué es, pero espera.
Friday, June 11, 2010
Friday, June 4, 2010
Te van a dar Raúl
Raulito tiene apenas tres semanas de haber ingresado a la factoría y ya se ha convertido en el terror de las mujeres. Todas le temen, incluso aquellas que han rebasado los cuarenta. Es que el muchacho, chele y bien parecido, que aparenta tener entre 18 y 20 años de edad, está con las hormonas alteradas, como dicen sus víctimas. Al principio parecía que no rompía ni un plato, por eso se ganó el diminutivo de Raulito, pero ahora aborda a las féminas con tal ímpetu que espanta. Su estrategia comienza con una sonrisa amplia y una conversación trivial. Mientras va hablando, por ejemplo del calor que hace en estos días, pasa su mano por el hombro de la muchacha que se cruzó en su camino y de ahí sigue con sus toques hacia la cintura y otras partes del cuerpo. Usualmente recibe un insulto o un empujón violento como respuesta, pero él lo toma como un cumplido y se aleja a buscar otra víctima. Las miradas de Raúl, llenas de deseo sirven de cometario entre la gente del trabajo. Basta seguir su mirada y uno ya sabe dónde está mirando el chico.
Las quejas ya han llegado al supervisor y éste ha llamado a Raulito para explicarle que lo que está haciendo se llama acoso sexual, que puede ir detenido y que si sigue en sus andanzas va a ser despedido del trabajo. Nada parece detener las ínfulas del joven Raúl, que sostiene que toca a las mujeres porque les gusta y él es un experto amante. También asegura que las amenazas por acoso nunca se cumplen porque se necesita valor y hasta ahora nadie ha tenido el suficiente para hacerle detener. Sobre el trabajo opina que cuando uno está legal en este país es fácil encontrar otra chamba.
Lo que no sabe Raulito es que varias mujeres se han puesto de acuerdo y han hablado con sus maridos y en uno de estos días ellos le van a dar su merecido por mañoso y mani-larga -como dice una de ellas en un susurro- y tampoco va a se necesario denunciarle, para qué, no hará falta.
Las quejas ya han llegado al supervisor y éste ha llamado a Raulito para explicarle que lo que está haciendo se llama acoso sexual, que puede ir detenido y que si sigue en sus andanzas va a ser despedido del trabajo. Nada parece detener las ínfulas del joven Raúl, que sostiene que toca a las mujeres porque les gusta y él es un experto amante. También asegura que las amenazas por acoso nunca se cumplen porque se necesita valor y hasta ahora nadie ha tenido el suficiente para hacerle detener. Sobre el trabajo opina que cuando uno está legal en este país es fácil encontrar otra chamba.
Lo que no sabe Raulito es que varias mujeres se han puesto de acuerdo y han hablado con sus maridos y en uno de estos días ellos le van a dar su merecido por mañoso y mani-larga -como dice una de ellas en un susurro- y tampoco va a se necesario denunciarle, para qué, no hará falta.
Saturday, May 29, 2010
La parca no perdona
Gabino está conflictuado. Hoy le dieron la noticia de la muerte del dueño de la factoría donde trabaja. Uno de los supervisores reunió a todo el personal, cerca de 50 personas, y por medio de un traductor leyó una nota de pesar redactada por alguna mente lúcida de la oficina. En la carta se exaltaban los valores del ahora fallecido. Se exponía su calidad profesional y se lamentaba su prematura muerte que deja un inmenso vacío difícil de llenar. La primera reacción del personal fue preguntar por la estabilidad laboral. Se les dijo que por el momento todo sigue igual, aunque con la llegada de un nuevo directivo podrían darse cambios. Tras un breve intercambio de comentarios con la persona más próximo sobre el futuro, todos volvieron a su sitio de trabajo. Una persona de la oficina anunció que se recibirán donaciones de dinero para comprar una ofrenda floral o algo parecido y exponerlo en el funeral. Es aquí donde hubo una reacción en cadena. Quienes trabajan por varios años dijeron que con la llegada del nuevo dueño, o sea el fallecido, se eliminaron muchas conquistas laborales como recortes de días feriados, congelación de salarios -de hecho nadie recibe un aumento desde hace más de dos años- recortes de sobre-tiempos más conocido como over time, eliminación de un escuálido seguro médico, trabajo excesivo para quienes quedan después de un masivo despido de personal, competencia por puntos para ganar unos centavos adicionales y amenaza constante sobre la estabilidad en el trabajo, entre otras cosas que ahora mismo Gabino no se acuerda o no lo pone para no abrumarse de cosas negativas. Ante esta realidad se elevaron voces que indignadas protestaban con el pedido de la contribución de dinero para la ofrenda. Se dijo que nunca se ha visto que los millonarios pidan dinero a quienes con las justas tienen para cubrir sus necesidades básicas. Otros dijeron que sólo ahora se acuerdan de su existencia y nunca se les toma en cuenta cuando un grupo privilegiado festeja con comida y bebidas los logros alcanzados por el personal de planta. Hubo quienes recordaron la muerte de un trabajador y la compañía ni siquiera envió a sus familiares una nota de pesar, menos una indemnización decorosa. Otros invocaron a las fuerzas divinas y dijeron que el Ser Supremo trata por igual a pobres y ricos el momento de designar su muerte. También salió a flote el tema de los accidentes laborales, donde la empresa no puede ser demandada y menos cubrir gastos si una persona sufre alguna eventualidad. Ahí está el caso de Gloria a quien le cayó sobre el hombro una caja pesada de papel. Ella está casi inmovilizada y como ya no puede empacar con rapidez le enviaron a devolver mercadería a las perchas. Se dice que en estos días recibirá la notificación de despido. Gabino está conflictuado. No concibe tanta injusticia junta. Es cierto que la muerte de una persona es un tema sensible, pero que esa persona, junto a un grupo de asesores, haya confabulado para esclavizar a sus trabajadores y ganar más dinero a su costa es algo que no logra concebir. No concibe que un país sea considerado como una potencia y en su interior no existan leyes reales que amparen a los considerados ilegales o indocumentados y se permita que los empresarios saquen provecho de su condición y sean cada vez más ricos. Gabino cree que vive una realidad difícil de asimilar, se siente frustrado porque cuando pidió una revisión de su salario le contestaron a coro: “agradece que tienes empleo” y le siguieron pagando lo mismo y ahora trabaja por dos, porque despidieron a su compañero. Gabino está indignado y no sabe hasta cuando va a tener que tragarse su frustración. Lo único que piensa es que pronto llegará el día de su suerte como dice la canción y podrá reinvindicarse consigo mismo.
Ana María quiere ser bailarina
Ana María llegó a Estados Unidos desde República Dominicana siendo casi una adolescente con una hija en brazos. Una vez en Nueva York, un muchacho vecino suyo le dijo que la manera más rápida de hacer dinero era convirtiéndose en bailarina de centros nocturnos “y con el cuerpo que tiene vecinita…”, le dijo mirándola con una mezcla de malicia y deseo. Es cierto, Ana María tiene un cuerpo espectacular, exuberante, ella es alta, espigada, gusta de vestir con ropa que resalta sus formas y cuando camina es un poema dice uno de sus admiradores. Tiene un ligero toque de estrabismo que pasa desapercibido porque normalmente uno fija la vista en su boca cuando habla y sonríe. Mientras cuenta esta historia, mueve su cuerpo y sus manos al ritmo del relato, reviviendo cada escena, por lo que atrapa la atención de quienes le escuchan y son muchos. El caso es que Ana María estaba segura de conseguir empleo en alguno de los muchos centros existentes porque es consciente de sus atributos físicos. Tras buscar en varias publicaciones, y conseguir contactos, al fin llegó el día de una entrevista con un gerente de un famoso centro nocturno. Se puso linda, dice, con una ropa sexy, mucho escote y antes de salir dio varios pasos de baile para relajarse. Al llegar y tras hacerle esperar un largo tiempo, le hicieron pasar a una oficina llena de fotografías de mujeres lindas, unas con ropa y otras sin nada, dice Ana María. La actitud del hombre que le recibió era totalmente fría, era un hombre serio, poco amable y con poco tiempo, según le dijo. Tras la presentación de rigor, le dijo que se desnudara totalmente. El pedido le tomó casi de sorpresa porque ella quería demostrar primero su habilidad para el bailes, incluso había repasado algunos movimientos copiados de una película. Ana María comenzó a quitarse la ropa lentamente, botón por botón, casi provocativamente. El hombre no estaba para eso y le pidió que lo haga de prisa. Cuando por fin quedó completamente desnuda, estaba de espaldas al tipo, este le pidió que girara lentamente. El hombre le miró de la cabeza a los pies, se levantó intempestivamente y con rabia, antes de salir le gritó que nunca había visto una mujer con tantos vellos en el cuerpo y que por supuesto no le contrataría porque ni aún depilándose podría quedar como una mujer normal. Ella se ríe a carcajadas, dice que nunca fue consciente de su situación y que ninguno de los novios que tuvo le dijeron nada. Por un segundo se queda pensativa y luego dice que es posible que tenga mucho vello porque se depila cada dos días, pero para ella eso es normal. Por supuesto no siguió buscando trabajo como bailarina, más bien puso en práctica sus conocimientos de estilista, trabaja a domicilio y es muy cotizada entre sus compañeras de trabajo en una factoría, donde ya lleva trabajando varios años mientras espera al príncipe azul que le ponga en el lugar que se merece y no le importe el abundante vello de su cuerpo, dice muerta de la risa.
El deporte de Diana
Diana practica un deporte peligroso para el que se necesita audacia, cálculo de probabilidades, sangre fría y mente clara. Ella es cleptómana. Toma lo que no le pertenece por deporte, porque aparentemente tiene todo. Ella es una mujer joven y bonita, con una sonrisa cálida que seduce a todos sus compañeros y a sus compañeras de trabajo. Su historia actual es diferente a la mayoría de las muchachas inmigrantes porque encontró a su príncipe azul, aunque ella afirma que no le quiere para nada pero le soporta porque él le da todo. Cuenta que su novio da la vida por ella, le ama, le cuida, le cocina, le matriculó en la escuela para que aprenda inglés y le acaba de comprar un auto para que se movilice a su trabajo. El le complace en sus caprichos y hace todo lo que un hombre enamorado haría por su pareja. Pero a pesar de tener todo, ella continúa robando. Todo comenzó como un juego. Cuando llegó a trabajar en la factoría, se quedó maravillada por la cantidad de cosas que estaban a su alcance. En este sitio descubrió que la seguridad no existía y decidió tomar y llevarse una pequeña cosa para ver que pasa. Como no fue descubierta, cada día aumentaba su audacia. Todos creían que iba a dejar su deporte cuando un día llegó la policía, arrestó a un muchacho y lo llevó detenido por llevarse lo ajeno. Parece que este hecho provocó en Diana una nueva sensación de desafío al peligro y comenzó a llevarse cosas de mayor tamaño que escondía en su cuerpo y que a simple vista se notaba. Cada día ella sale con algún objeto escondido en su cuerpo. Hubo un tiempo en que se corrían apuestas para adivinar el día en que sería descubierta, pero ha pasado tanto tiempo que todos se aburrieron y dejaron que la vida marque su signo. Cuenta sin ruborizarse que con lo que se ha llevado, tranquilamente podría poner un negocio en su pueblo, donde le espera su pequeño hijo. Cuando Diana sale la final de la jornada, se despide de su jefe inmediato, casi se diría que se detiene para que la vea, pero él sólo la mira, tal vez sea su sonrisa cautivadora. Cuando alguien le dice que uno de estos días le van a descubrir, ella se ríe, dice que es posible que eso suceda, pero que no puede dejar de robar, que las cosas se le pegan al cuerpo y sale con un gran bulto en la cintura que solamente ella no nota. Pero a lo mejor, uno de estos días.
Quizás algún día
Camilo ha buscado en su memoria su mejor recuerdo. Es simplemente la necesidad de volver a sentir que su corazón aún late y se alborota al pensar en ella. El caso es que todo pasó sin proponerse, como suceden las cosas que dejan huellas de fuego y para siempre. Coincidieron en un sitio llevados por el azahar y nadie encuentra otra explicación válida. Ellos se conocían de vista de mucho tiempo atrás y al volverse a ver no hubo esa corriente que dicen que es el amor a primera vista, tampoco se dijeron palabras que provocaran una relación cercana. Mas bien fueron las complicidades y diversos hechos los que desencadenaron los sucesos. Inventaron un lenguaje propio para hablar sin palabras mientras asistían a reuniones aburridas o cuando estaban dentro de un recinto aunque cada uno al extremo. Cierto día Camilo cayó preso y nadie lo sabía. De alguna forma ella presintió que algo malo sucedía. Dejó el trabajo para buscarle. Como una loca corrió por toda la ciudad preguntando. Movió cielo y tierra hasta que supo dónde se encontraba y luego emprendió otra odisea para que dejen libre a Camilo. Era casi la noche cuando salió libre y la única persona que le esperaba era ella. Se acercó, le miró profundamente y alzándose en puntillas le rodeo entre sus brazos y le dio un beso largo, espontáneo, solidario. Se alejaron abrazados, con la necesidad de protegerse uno al otro y este fue el comienzo de una relación de muchos años. Se volvieron transgresores de la moral, fueron espontáneos y creativos, miraron el mundo y le acomodaron a su manera, se sintieron complemento, yunta, parceros, panas, vivían el uno para el otro hasta que llegó la separación y el silencio, ese largo silencio de muchos años. Fue una ruptura absurda, tan irreal como la relación que tuvieron. Camilo se sonríe con tristeza al recordar ese momento. Por supuesto que sufrió como un poseso, todavía siente dolor, aunque ha pasado casi una década. Y de pronto...ella apareció otra vez en su vida, tan espontánea y natural como si sólo se hubieran separado una noche. Le dijo que todo este tiempo vivió una vida sin vida y que le volvía a buscar porque era su complemento, su razón de existir y entendía que el sufrimiento de ambos debía ser compensado con un nuevo encuentro. Camilo vive otra vez una ilusión, está casi viejo pero no le importa sentir el mismo sentimiento de su juventud. Ahora es más paciente, sólo espera el reencuentro para desatar el deseo tantas veces reprimido por esta larga ausencia. Siente temor pero espera y no le importa saber que a lo mejor todo es producto de su mente.
Friday, May 14, 2010
César el cantor
En la factoría donde trabaja Gabino, apareció un muchacho cantor. Se llama César, aunque según se le va conociendo, utiliza dos o tres nombres diferentes. Es pequeño de estatura pero muy fuerte y reta a quien sea para demostrar su fortaleza. Tiene una mirada profunda, que casi atemoriza, pero en varias ocasiones ha evadido peleas que en otros casos se han resuelto a golpes. Lo peculiar de César es que al caminar va dejando un aroma inconfundible a mota, según el llama a la marihuana. Como es un tipo nervioso, debe andar con dos porciones por lo menos para calmar su ansiedad. Se diría que es hiperactivo, aunque a su edad -va para los 30- sería un caso poco común. No está nunca quieto. Se ha ganado el cariño de los supervisores porque ayuda a todo el mundo a hacer sus tareas. Se le ve en todas partes y siempre se sabe dónde está porque canta a todo pulmón. Le gustan las canciones de Marco Antonio Solis, de los Fernández, de los Tigres del Norte y sabe un repertorio sin fin de hip-hop improvisado y creado por su propia persona. Hay momentos en que se pone huraño, silencioso y cuesta mucho sacarle unas palabras. Pero también tiene períodos de una vorágine de palabras y es cuando cuenta su vida. El papá de César, un cabo del ejército de El Salvador fue instructor anti-guerrilla en pleno conflicto armado de ese país. A los tres años de edad, César quedó huérfano de padre, lo mató su osadía. La madre de César, tras quedar viuda, se juntó con un guerrillero, pero un día decidió suicidarse por razones nunca develadas y dejó a su hijo en el abandono. César fue adoptado por su abuela con quien creció hasta convertirse en adulto. Estuvo con ella administrando una bodega de víveres hasta que decidió emigrar a Estados Unidos. De acuerdo a su relato, llegó a Meryland, donde por ocho meses trabajó como guardia de seguridad en un prostíbulo clandestino. Después pasó a trabajar con un amigo en construcción, donde demostró su habilidad para aprender y ejecutar las tareas bien y rápido. César ya gustaba de consumir marihuana y en este sitio conoció a los distribuidores más pesados por lo que se fue introduciendo en el mundo de la mara. Cierta noche, César se convirtió en testigo de un asesinato de un miembro de un grupo rival. Huyó porque le buscaba la policía para que testifique, pero él temía por su vida, porque debía acusar a un miembro de su propia mara y eso se paga con la vida. Ahora vive en Nueva York y ya buscó la protección de la mara local. También comenzó a enfrentarse con los rivales y según dice, va a otros pueblos a reclutar muchachos jóvenes, hombres y mujeres, para engrosar filas. En medio de estas tareas acude a una Iglesia Cristiana y está pensando dejar la religión porque se peleó con el chofer de la van de la iglesia y eso le ha provocado conflictos. Recién fue atacado por tres hombres que le robaron el dinero ganado en una semana y ya está buscando el contacto adecuado para comprar un arma, porque no quiere que le dejen con los colochos hechos, dice convencido.
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